viernes, 3 de junio de 2011

Ana ama a Rexia.


Volvió a mirar a su plato y tragó saliva. Llevaba incontables vasos de agua pero lo único que había hecho con su comida era moverla de sitio y cortarla innumerables veces. Su abuela, la única persona que vivía con ella, comía a su lado pero no le prestaba atención. En ese momento, Ana se levantó y dijo que comería en su cuarto ya que tenía mucho que estudiar.

Una vez allí, sacó la bolsa de su cajón y arrojó la comida dentro. No pensaba comer. De hecho llevaba un par de semanas sin probar a penas bocado, exceptuando alguna manzana y algo que se veía obligada a ingerir para que los demás no sospecharan. No obstante, tenía hambre así que se puso los auriculares y empezó a escuchar canciones en su mp4 para pensar en otra cosa.

A sus diecisiete años estaba sola. Su madre había muerto tiempo atrás y su padre trabajaba fuera, viniendo a casa los fines de semana y algún otro día que le era posible. De resto, su abuela había venido a vivir con ella, ya que no podían dejar a un menor viviendo solo, no era legal. Sin embargo, Ana cuidaba más de ella que al revés, por lo que podía llevar a cabo sus planes sin problema y sin obstáculos. Al fin y al cabo, vivía con una persona mayor que no se enteraba de la media a la mitad y menos controlada estaría si se aislaba en su cuarto "estudiando".

De nuevo la comida empezó a rondar sus pensamientos. Irritada, se reprochó su debilidad y mordió sus labios para sofocar el impulso de ir a la cocina y devorar todo lo que encontrara al abrir la nevera. No quería volver a ser la maldita gorda que era antes. No quería volver a pesarse y derrumbarse en llantos. No quería sentir las miradas de los demás cada vez que andaba por los pasillos del instituto. No... Quería ser lo que otras en su situación llamaban "princesa".

Además, tenía que demostrarse a sí misma que era capaz de lograr su objetivo. Vivía bajo unas normas que no la dejaban ni respirar y comer o no era lo único que podía controlar. Pero esto no era la verdadera razón por la que actuaba así.

En un arranque de franqueza se desveló a sí misma su secreto. La realidad. La causa de sus acciones. Quería mostrarle a todo el mundo como sufría. Cuando pasó lo de su madre todos la apoyaron, pero al pasar un mes todo volvió a la normalidad. Bueno, todo menos ella. Le exigían lo mismo que a los demás, ya no le tendían una mano, no le preguntaban si estaba bien. Para ellos todo había vuelto a su cauce, pero la realidad distaba mucho de ese pensamiento.

Adelgazaría. Estaba claro que adelgazaría. Su meta eran los 42 kilos. A esas alturas la gente empezaría a preocuparse por ella de nuevo y se darían cuenta de que jamás había estado bien. Muchos ignorantes la tacharían de masoquista pero ella sabía que era una luchadora, una guerrera que llegaría al triunfo y que jamás aceptaría ni admitiría una derrota.

Se lo demostraría a todo el mundo. Se lo demostraría a ella misma. Ana sobrepasaría el límite si era necesario. Sólo una cosa podría frenar su avance en seco: la muerte.

viernes, 27 de mayo de 2011

Visiones del pequeño M

Por aquel entonces todo iba bien. El verano de mis catorce no distaba de como lo había idealizado: alegría, amigos, buen tiempo, tranquilidad, estar el menor tiempo posible en casa…
Tras haber desayunado, Marcos y yo salimos a encontrarnos con los demás en la plaza. De allí, teníamos pensado subir al monte del Perdón, donde comeríamos, para volver al atardecer.
A pesar de que Marcos tenía dos años menos que yo, lo aceptábamos en el grupo como a uno más. Al fin y al cabo, era parte de nuestra gran familia, sobretodo por lo que a mi respectaba. Así, cuando hubimos distribuido el agua, la comida y demás cosas que habíamos pensado llevar, empezamos la marcha.
En un principio partimos como un grupo homogéneo pero, conforme avanzábamos en el camino, fuimos dividiéndonos en grupos. Nira y yo íbamos con Marcos, que al ser el más pequeño, se cansaba antes. Por ello acabamos distanciándonos del resto hasta el punto de no verlos.
Llevábamos más de una hora andando y decidimos parar un rato a la sombra de un árbol para beber un poco de agua y reponer fuerzas, pues el pueblo donde habíamos acordado encontrarnos con los demás ya se veía y no tardaríamos en llegar. Mientras Nira y yo hablábamos de nuestras cosas, Marcos fue a mirar una cosa que le había llamado la atención al borde del camino.
“¡Pablo!” se oyó. Corrí hacia donde había ido el pequeño y lo vi tendido en el suelo señalando su tobillo a la vez que sollozaba. Me agaché y le quité la deportiva. Él me dijo que le dolía mucho, por lo que dedujimos que igual se lo había torcido. En ese momento se me cayó el mundo encima. En primer lugar, estábamos a un rato de alcanzar a los demás, y si veían que no llegábamos se preocuparían. Por otro, estábamos a más de hora y media del principio y, además, no había cobertura.
Tocaba pensar con mente fría, así que analizamos la situación. Yo regresaría al pueblo con Marcos, y Nira avisaría a los demás. No obstante no podía dejarla sola, ya que los otros estaban a media hora de camino.
Nira me ayudó a inmovilizar un poco el pie del pequeño con su pañuelo y lo cogí a la espalda. Como no era muy alto para su edad pude con él fácilmente, así que empezamos el camino para acompañar a mi amiga con los demás.
Una vez allí, varios se ofrecieron a acompañarme de vuelta a nuestro pueblo pero me negué rotundamente. Debían disfrutar del día, yo podía encargarme de esto sólo. Como me vieron bastante empeñado en ello, no lo discutimos demasiado ya que había que ir al hospital, así que me dieron varias botellas de agua y me despedí.
Al reanudar la caminata, saqué tema rápido para distraer a Marcos y hacerle olvidar un poco el susto que llevaba encima. Así estuvimos un largo rato, parando de vez en cuando para tomar un poco de agua y descansar.
Ya eran cerca de las dos y media y el hambre empezaba a notarse. Paramos en la laguna del camino y sacamos los bocadillos. Marcos se comió el suyo rápidamente y yo, a pesar de que tenía el estómago vacío, partí a la mitad el mío y se lo di. Tenía que comer, que el pobre ya llevaba una buena encima. Además a mi no me importaba pasar hambre. Al acabar volví a subirlo a mi espalda y regresamos al camino.
Ya podíamos ver las casas del pueblo. Debido a que no paraba de contarle y preguntarle cosas, Marcos había conseguido incluso sacar alguna sonrisa, olvidando momentáneamente el dolor.
Fue entonces cuando me abrazó más fuerte y me dio un pequeño beso en la mejilla.
“Te quiero hermano…”
Yo sólo pude responder:
“Yo a ti también enano, yo a ti también”.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Patri no lo sabe muy bien


Patri llevaba unos días sin rumbo, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar ante lo que se ponía en su camino. Había empezado a ser una persona vacía, incapaz de encontrar un por qué a todo lo que sentía. Por tanto, decidió ir a dar una vuelta para tomar un rato el aire y reflexionar sobre lo sucedido hacía una semana.

Su sitio favorito en estas ocasiones era el acantilado donde se encontraba la vieja fábrica de textiles, abandonada desde hacía años tras entrar en bancarrota. En consecuencia, cogió su mochila y se dirigió hacia allí.

Cuando llegó, saltó la verja que custodiaba la entrada y se sentó en una de las máquinas que, con las prisas de buscar otro trabajo, los obreros habían olvidado recoger.

Había pintadas por las paredes, botellas de cristal rotas por el suelo y algunas cadenas que colgaban del techo. A pesar de ello, el silencio sepulcral sólo se veía interrumpido por alguna que otra rata que regresaba o salía de su madriguera. Así sí que Patri podría pensar agusto. En su escondite nadie la interrumpiría ni vendría a recordarle lo desordenada que estaba su habitación o que tenía que estudiar.

Ya llevaba cerca de media hora pensando en sus cosas cuando notó que hacía bastante calor allí dentro, por lo que salió al acantilado a tomar un poco de aire. Una vez ahí, empezó a enfadarse consigo misma debido a que, a pesar de haber tenido un gran rato de meditación, no había sacado ninguna conclusión útil de por qué no sabía lo que sentía. Adelanto un pie y se asomó para ver la estrepitosa caída que le aguardaba si pisaba en falso. Una muerte segura.

De repente, abrió su mochila y sacó el cuchillo que había cogido de casa. Acababa de encontrar la solución a sus dudas. Si algo había que podía sentir, eso sería el dolor.

Agarró con fuerza el mango y hundió la hoja del arma blanca en lo más profundo de su pecho. Con un hilillo de sangre que salía de su boca, podía verse dibujada una sonrisa en ella. Había encontrado la solución.

Así, dando un salto con las últimas fuerzas que le quedaban, se arrojó en picado hacía lo más profundo del acantilado. Mientras caía, el aire movía su flequillo. Las olas, por su parte rugieron como si de leones se tratara.

Ella sabía muy bien que no era en agua en lo que caería.

Se extendía frente a ella el mar de la morfina.

martes, 17 de mayo de 2011

Cris no tiene máscara

Cuando consiguió conciliar el sueño, Cristina empezó a revolverse sobre su cama. Parecía que el hecho de ser muy expresiva se reflejaba incluso cuando dormía, dando vueltas sobre el colchón, agitando a ratos su respiración.


Mientras, en su mente, aparecía un mundo perfecto: colinas verdes, flores, pájaros revoloteando. Sonriente, contempló cómo todo estaba coronado por el mayor Sol que podría haber imaginado jamás.

No obstante, algo le incomodaba. Una tímida ráfaga de aire frío le pasó por el cuello y todo cambió. De las colinas empezaron a surgir ventanas y puertas. Las flores crecieron y echaron a andar. El piar de las aves pasó a ser un atronador ruido de coches. Por último, el Sol se echó a llorar, convirtiéndose cada una de sus lágrimas en farolas que alumbraban calles sin fin. Había nacido la ciudad.
Cristina, aterrada, gritó. Sin embargo, ni una de las personas que pasaban a su lado se inmutó.

Cogiendo a una de ellas por el hombro, le preguntó casi con lágrimas que habia pasado. Al voltearse la figura, Cris pudo contemplar una cara inerte. Una... careta. Giró trescientos sesenta grados y, horrorizada, vio cómo cientas máscaras la miraban con sus ojos muertos.

Un movimiento. El hombre, al que seguía agarrada, levantó los brazos y se los pasó por detrás de la cabeza. Click. La careta cayó al suelo. El hombre no tenía cara alguna. Cientos, miles, millones de "clicks" se oyeron. Cris volvió a girarse y vio infinidad de personas iguales a la que tenía tras de sí.
"No sentimos como tú. Jamás lo haremos. No percibimos las cosas como tú. Jamás lo haremos. De hecho... nos importa una mierda." - se oyó.
De repente, todos explotaron, llenando el ambiente con un humo de color púrpura. ¿Nadie... nadie podía sentir como ella? Entonces...


Buenos días Cristina, es hora de levantarse. Era su madre. Todo había sido un mal sueño. A pesar de ello, aquellas palabras seguían en su mente.

"Buenos días mamá, ¿que hora..."

-"Click"

Su verdadera pesadilla acababa de comenzar.

lunes, 16 de mayo de 2011

Bea se refleja en la realidad.

Como de costumbre, Bea se levantó sistemáticamente de la cama sin pensar si quiera la hora que era ni si debía acabar alguna que otra tarea.
Tal vez esto hubiera tenido importancia en un pasado, pero ya no. Bastante tenía con lo suyo como para seguir el ritmo de la gente.
Se acercó a la ventana y tuvo que entrecerrar los ojos al correr las cortinas. Cuando se acostumbró a la luz, no cambió ni un ápice de expresión, total, ¿para qué?
Todo seguía igual. Los árboles, las nubes, las montañas... Todo seguía, irremediablemente igual.
Tal vez a primera vista parecería vivir una vida plena, pero su mirada perdida escondía la represión de una lucha interna de sentimientos que creía que nadie jamás podría entender. Tal vez fuera eso por lo que no había decidido contarles nada de lo sucedido a sus amigos, o a lo mejor no los quisiera preocupar, o incluso no eran tan buenos compañeros como siempre había creido. Lo ignoraba. Es más, no quería saberlo.
¿Sus padres? A saber. Con ella, desde luego no. Cuando no trabajaban tenían que atender a las necesidades de su hermana pequeña. Era como si a Bea la hubieran olvidado, dándole comida y cama en su casa, pero nada más.
Un pájaro la desveló de sus pensamientos, recordándole que tenía que arreglarse para ir a la boda de su primo. Así, se dirigió hacia el baño para lavarse un poco la cara y despejarse de lo demás.
Todo le daba vueltas, quería correr, gritar, llorar, no verse en ese maldito espejo que le recordaba todos los días que seguía su pesadilla. En un arranque de ira, lanzó su peine hacia él, partiéndolo en múltiples pedazos.
Solo unos pocos quedaron en el marco. En ellos estaba ella, desfigurada, irreconocible... tal y como se sentía por dentro. En los del suelo, lejos de ella sus amigos, familia y conocidos.
Estaba sola.

martes, 10 de mayo de 2011

Recuerdos son lo único que queda

Son las 2:50 de la mañana de un martes. Me hundo en la desesperación. Mi madre murió el 5 de enero de este mismo año. Es duro, lo sé. A mi tan corta edad perder a la persona que más me conocía, junto con mi padre a la que más quería, la que no se separó nunca de mi a pesar de lo fuerte que le dio la vida, la que luchó hasta el último momento, es uno de los mayores golpes que me dará jamás el mundo. Eso se ve últimamente en mi estado de ánimo, mi insomnio, mis pocas ganas de comer y mis crisis de ansiedad y depresión que sufro a momentos.
Todo el mundo me ha animado y me ha ayudado a estar de pie cuando quería estar tirado en el suelo llorando. Llorando de dolor, de rabia y de pena. ¿Por qué la vida se ensañó tanto con ella? ¿Por qué nos pasó nosotros? Tengo que aceptar que no hay respuestas. A lo que si que las hay es a qué se debió su muerte. A cáncer. Su cuarto cáncer, para ser más exactos.
Todo empezó cuando yo tenía la edad de alrededor de un año. Los médicos no le daban más de tres meses, pero gracias a su tesón, lucha, sacrificio y las fuerzas con las que se aferraba a sus ganas de vivir, salió adelante.
Dieciséis años después, tras haber tenido dos recaídas más, no pudo con la tercera. Una tercera que fue, tal vez, enmascarada. En un principio pensé que todo saldría bien, mi madre era invencible. Estaba bastante triste, lloraba todos los días, pero allí estaba yo, haciendo lo posible para que sacara una sonrisa.
Se acercaban las navidades, y como otros años, pensábamos ir a Navarra, la tierra de donde ella procedía y donde tenía a su familia. Esta vez puso bastante empeño en ir, cosa que achaqué a que querría apoyarse en los suyos para sacar fuerzas, algo normal. No tardamos en comprar los billetes de ida y vuelta, aunque jamás imaginé que alguien dejaría uno sin usar.
Ya allí, seguía con sus malestares; la quimioterapia no es algo fácil de llevar. A pesar de ello, siempre conseguía sacar una buena cara al mal tiempo y era la primera que quería que saliera con mis amigos a pasármelo bien.
Así pasaron los días y llegó el nuevo año. A pesar del cansancio, estuvo presente con todos nosotros cuando dieron las campanadas pero, al día siguiente, en año nuevo, ingresó en el hospital porque no se encontraba muy bien. Ese mismo día, mi padre tenía que volver a Canarias por motivos del trabajo. No olvidaré como, cuando se la llevaban en la ambulancia, lloraba diciendo que no lo volvería a ver. Mi padre le prometió que cuando acabara con las reuniones volvería para que regresáramos los tres juntos en avión, que no se preocupara.
Los días siguieron y yo la iba a ver al hospital. La cara al verme siempre irradiaba felicidad, complicidad y levantaría el ánimo a cualquiera, por lo que suponía que cada día estaba mejor. El 4 de enero decidí darle una sorpresa. Como me habían invitado a un cumpleaños por la mañana, cogí el autobús una hora antes y me presenté en el hospital sin previo aviso.
Llegué y no estaba en la cama, pero su compañera de habitación me dijo que había ido al baño. Esperé. Cuando cruzó el umbral de la puerta, junto con mi tía que había pasado la noche en el hospital, me dio un fuerte abrazo mientras sonreía feliz. Estuve hablando con ella un rato, pero a los veinticinco minutos se la llevaron a hacer una prueba que estábamos esperando. Esto me alegró bastante, ya que después de hacérsela era cuestión de un par de días para que le dieran el alta.
Cuando el enfermero se la llevaba en la camilla, se le cuajaron los ojos, me dio un fuerte abrazo y un beso a la vez que me decía cuánto me quería. Yo me despedí haciendo una pequeña gracia y vi como se alejaba por el pasillo, desapareciendo tras la esquina.
De ahí fui al cumpleaños, del que volví a la noche. Al llegar a casa de mis abuelos me dispuse a llamarla, pero me dijeron que ya lo habían hecho y que no se había puesto porque estaba un poco mareada, según mi tía. Prometí que la llamaría a la mañana siguiente y fui a mi cama. Como en los días anteriores no concilié el sueño, y estuve despierto hasta las cuatro y pico de la mañana, admirando un cielo rojo que se veía a través de la ventana de mi cuarto hasta que acabé durmiendo profundamente,
Un golpe. ¿Qué era eso? Estaba todo muy oscuro aún. Miré la hora: las seis y pico de la mañana. Mi puerta crujió y entró mi tío. ¿Qué diablos pasaba? Me levanté casi sin darme cuenta por el sueño mirando con extrañeza hacia la persona que acababa de entrar y, antes de ser capaz de formular pregunta alguna, de la boca de mi tío salieron las palabras:
“Pablo, que tu madre se ha puesto mal de repente, ¿vienes al hospital?”
Sin dudarlo, di un brinco de la cama quitándome todas las cadenas que hacía minutos me ataban a ella. Me vestí más rápido que nunca y… voces. No, no, no. Sollozos. Mi abuela lloraba desconsolada mientras la voz de mi abuelo intentaba calmarla.
La frase de mi tío volvió a mi cabeza. ¿Qué quería decir con “se ha puesto mal”? En una de estas lo agarre con fuerza por el hombro y le pregunté:
“¿Cómo que se ha puesto mal?”
Silencio.
Mi cara empezó a cambiar el semblante.
-“¿Se va… a morir?”
-“Vete… vete haciéndote a la idea de que seguramente no pase de esta noche”.
Mis rodillas vacilaron. Mi cara jamás había adquirido esa expresión. Todo a mi alrededor empezó a dar vueltas. ¿Podía ser eso verdad? Empecé a impacientarme por ver que no me despertaba de ninguna pesadilla y caminé hacia la puerta, donde me apoyé como pude.
“¡Vamos!” grité.

viernes, 18 de marzo de 2011

Chris se despierta en ciudad paranoia

Chris se acababa de levantar. Todo seguía igual que la noche anterior: las latas invadían su mesa, los papeles dormían en el suelo, la cortina bailaba suavemente. Aunque, en realidad, había algo que no encajaba. ¿Qué podía ser?

Se puso una camiseta y miró por la ventana. Todo era completamente agobiante. Coches, calor, multitudes. El mismo ritmo de siempre.

Sintió entonces que se asfixiaba. Se le nublaba la vista y algo le subía por la garganta. Apresuradamente, abrió la puerta de su habitación. Todo le daba vueltas, pero necesitaba llegar al baño. Mientras caminaba hacia él, notó cómo las horas pasaban... ese corredor nunca había sido tan largo.

Ya había anochecido cuando por fin alcanzó el picaporte. Entró. A la vez que levantaba la tapa del inodoro pudo notar cómo algo, que precisamente no era la cena del día anterior, salía de su boca. Sentía cómo sus fuerzas se perdían a cada espasmo que le daba.

No obstante pudo sobrevivir para contemplar horrorizado lo que quedaba en su retrete.

Sangre y ceniza.

domingo, 13 de marzo de 2011

Cueva del lamento nº 1

Había mucha gente en la sala y empezaba a sentirme agobiado, por lo que en ese momento decidí salir del tanatorio.

El cielo estaba gris y las aceras aún seguían mojadas, pero mis piernas se doblaron y me senté como pude en el arcén de la calle. Me ardía la cara, me pesaban los párpados. No quería soltar una lágrima delante de nadie, pero ahora estaba solo. Era mi momento.

La gente me miraba al pasar, frenaban, daban un paso hacia mí hasta que se daban cuenta de que no me conocían de nada, retrocedían y seguían su camino. Yo por el contrario miraba los adoquines en silencio mientras las lágrimas me caían por las mejillas; congelándose una a una con el aire norte que venía de frente.

Pensaba en todo y pensaba en nada. Pensaba en qué pensar. Pensaba en por dónde empezar a pensar. Me intentaba concienciar de que con dieciséis años acababa de perder a mi madre y de ahí en adelante mi vida sería totalmente distinta, me preguntaba dónde demonios iría ahora y miraba al cielo esperando ver el avión en el que mi padre venía.

Di mi última calada al cigarrillo, arrojé lejos la colilla con indiferencia y al ponerme de pie miré con los ojos enrojecidos a unos niños que jugaban felices con sus padres. Quería irme lejos.

Mis piernas empezaron a moverse involuntariamente hacia los jardines de Yamaguchi. No sabía a dónde iba, no sabía quién pasaba a mi lado. Yo mismo me veía lo más parecido a un despojo humano: arrastrando los pies, con la mirada perdida y con la melena revuelta a causa del aire.

Mis amigos debían haber quedado, no sabía si tendrían conocimiento de qué había pasado ese día...pero tampoco esperaba encontrármelos por los alrededores. Seguí avanzando sin rumbo.

Cuando llegué a la plaza, dos figuras que se aproximaban me distrajeron por un momento. Eran Jon y su novia. Él me vio y se fue acercando hacia mí, por lo que decidí pararme. No sabía cómo actuar ni que decir. Tampoco si debía hacer como si no lo hubiera visto o saludar.

Cuando llegó a donde yo estaba, noté su expresión en su cara. Tal vez estaba igual que yo... vi que lo sabía. Me preguntó qué tal estaba mientras me daba una palmada en la espalda. Titubeé.

"Tranquilo Pablo. Dinos dónde es. Mañana vamos a ir todos al entierro, no vas a estar solo"

Después de agradecerle su apoyo nos despedimos.

Mis pies empezaron a moverse y empecé a alejarme hacia un lugar que no recuerdo.

lunes, 21 de febrero de 2011

Sentimiento familiar. (Situado entre el 4º y el 6º pino)

Érase una vez yo. Y bueno... digamos que como cualquier persona, quiero tener una familia que me quiera. Y sí, la mía lo hace. Y digo la mía porque mi verdadera familia la dictamino yo, y no mi plasma sanguíneo.

Mi estupenda familia está formada por toda mi ascendencia por parte de madre(incluyéndola a ella, claro está), mi padre, mis abuelos paternos, las hijas del hermano de mi madre y mis amigos más cercanos.

Dicho así, seguramente vosotros, receptores de este escrito, podéis pensar que mi padre es hijo único, y lo más gracioso es que no.

Dos hermanas tiene, cada una con sus respectivos dos hijos: en mi árbol genealógico, una rama que pide a gritos que la poden; en mi vida diaria, una panda de hijos de puta.

Siento que tenga que ser mi abuela el complemento del nombre del insulto anteriormente citado pero, unas personas que no se preocupan por una mujer que ha sufrido cuatro cánceres no pueden optar a calificativos más correctos. Eso sin añadirle a lo anterior que esa mujer vivía en el mismo lugar que ellos, no debía haber superado el primer cáncer (según los médicos), es mi madre y, por tanto, la esposa de su hermano.

Hace un mes que murió, y fue una ocasión de encuentro tras dos años sin verlos. Y repito, ¡vivimos en la misma isla!, que no es de dimensiones como las de Australia o Groenlandia. Es Tenerife, un corpúsculo enano de tierra que sobresale en el mar. Vamos, que si giramos la cabeza, somos casi capaces de vernos.

Panda de desgraciados. No tengáis la poca vergüenza de ir diciendo que sois familia mía, porque de mi padre no tenéis ni el blanco de los ojos.

Pudríos. Eso sí, desde lo más hondo de esa mierda de sentimiento familiar del que tanto se habla.

Atentamente, lo que según la genética debe ser vuestro sobrino.

viernes, 24 de diciembre de 2010

13 de diciembre. Corredor de la muerte.


Trece de diciembre; final de mi diario.

Hoy es el último día de mi vida, con lo que dejaré aquí escritos los pensamientos que pondrán un punto final a mi existencia.

Hace tres días que dejé de comer y de beber, aunque por decisión propia. Los guardias no cambiaron sus rutas de repartos por las celdas, sino que mi cuerpo ya no encuentra sentido a sus propias necesidades.

Cierto es que mañana sufriré el castigo por todos mis delitos. Sé que he sido cruel, frío, despreciable, impuro...no lo niego. Lo único que reprocho a ese maldito juez es el haberme hecho esperar 4 años en esta cárcel para ajusticiarme en una silla eléctrica.

¡Cuatro años! Me han sido adjudicados cuatro años más de días vacíos que cualquiera en mi lugar cogería con gusto, pero ¿acaso no se dio cuenta ese hombre de que deseaba morir? Mi vida ha sido un error. Una turbulencia de un apacible vuelo en avión.

Nunca conocí a mis padres y la gente jamás se dignó a mostrarme una pizca de ese tan conocido amor. Nunca supe por qué, pero no era como los demás: la gente no me quería, se apartaban de mí por las calles y no dejaban jugar conmigo a sus hijos. Con el tiempo fui huyendo, traicionando a compañeros y destrozando la vida de quienes me rodeaban para poder sobrevivir. Así llego el momento en el que el gobierno empezó a poner carteles en los que salía mi foto junto a un pequeño título de "Se Busca". Me clasificaron como una fuerte arma de inteligencia destructiva a la que devían aniquilar cuanto antes evitarse problemas.

Al poco de cumplir veintiséis años me topé con una gente que por primera vez creyó en mí, aportando un foco de luz a mi vida. No obstante, fuerzas gubernamentales descubrieron mi paradero y mataron a mis compañeros. Al enterarme de la masacre, decidí aniquilar a cada una de las personas protagonistas de la matanza, que no se libraron de su suerte. Tras esto, me di cuenta de que mi vida había retomado su ritmo inicial...pero esta vez decidí poner fin a todo; me entregué a mis perseguidores.

Y eso es todo, cómo un fallo ha existido durante treinta años. Cómo estoy aquí, ocupando un espacio en este planeta, que jamás me ha correspondido. Pero mañana todo volverá a su cauce inicial. Deseo que el reloj corra.

Aunque pensándolo bien, habrá algo que me haga soltar lágrimas cuando me aten a la silla. Pensaré en mis compañeros, las únicas personas que fueron capaces de hacerme sentir útil.

Espero tener sitio en otra vida y poder realizar todas las cosas que siempre me han sido vetadas en ésta.

Así podré llegar a los veintiséis años para conocer a unos compañeros que podré llamar amigos. Amigos que podrán sujetarme en noches de tormenta. Amigos que recojan mis penas y las arrojen a kilómetros de distancia. Amigos que no habrá que vengar.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Flota


Hoy en tu mundo lo ves todo como de costumbre.

La llanura de hierba y el cielo nublado. En aparencia perfecto pero, ¿así es en realidad? Es una belleza truncada, sin luz ni sentimientos; a todo le falta un algo. Cielo sin sol, rosas grises, y nidos sin pájaros. Sólo una mente hundida en un mar de depresión sería capaz de recrear ese paisaje.

Todo está vacío y en silencio, aunque no esperas encontrar a nadie.
Lo único que desentona es una grandiosa forma esférica de vivos colores, que advierten de que algo que no debe ser liberado se guarda dentro.

Es un globo. Un globo sin cesta, en su lugar se ve un cuerpo aparentemente sin vida. La cabeza le arde, cosa que aviva el tamaño de la esfera que crece sobre él. El resto, es zarandeado suavemente por el movimiento ascendente y alguna que otra tímida brisa.

Te das cuenta. Eres tú. Es tu propia imagen en tu mundo idealizado, lugar donde huyes de tus problemas. Debido a la falta de sol, tu piel bajo el globo está pálida. Más incluso que de normal. Únicamente flotas y flotas a merced de la gran esfera colorida. Ninguna mano puede ayudarte ahora.

Todos tus amigos se han ido. Nadie te oye. Todos tus amigos estaban equivocados. A nadie le importa.

sábado, 19 de junio de 2010

La Bestia de Altdorf

En los puertos de Altdorf había calma. Los marineros borrachos habían ido a las tabernas de la zona oeste y en ese momento el único ruido que se oía era el del agua chocando contra las barcas, ocultas por la espesa niebla. No era un lugar seguro a esas horas de la noche, pero Margi buscaba algún hombre que la contratase para ofrecerle sus servicios. Sin embargo, su cicatriz en la mejilla y sus cuarenta años no eran unos buenos patrocinadores, por lo que ella creía que sus únicos acompañantes de ese día serían el trozo de raíz de bruja que le quedaba y su aliento a tequila.
No obstante, vio algo moverse cerca de un callejón. Y ella fue hacia ese lugar movida por la curiosidad y por su estómago vacío.
Ahora la figura estaba más cerca y élla podía ver un semblante pálido.
Sacó el cuchillo. Podía haber envejecido para prostituirse, pero nunca se era demasiado vieja para robarle a un borracho.
Podía oír una respiración trabajosa. Era evidente que el objetivo estaba interesado.
-Ven con Margi...
La forma oscura ya estaba lo bastante cerca. Ella imaginó a un hombre alto y lo encajó en la silueta que podía ver, mientras consideraba cuál sería el mejor lugar para la primera puñalada. Luego lanzó el primer golpe, dirigido a la nuez de Adán.
Con una rapidez inhumana, una mano se cerró sobre su muñeca con una fuerza increíble, y élla sintió que sus huesos crujían y se partían.
Su cuchillo cayó y chocó contra los adoquines.
Abrió la boca para gritar y se llenó los pulmones con el frío aire nocturno. Otra mano de palma áspera le tapó la boca para sofocar el alarido. Vió entonces unos ojos brillantes, llameantes y supo que su vida había acabado.
La Bestia la arrastró al interior del callejón y ya allí la abrió en canal.

Cintruénigo

Hoy me he pasado toda la tarde perdiendo el tiempo en mi habitación. Esto se debe a que he acabado los exámenes y, además, una tarde de viernes sin quedar tampoco es el momento idóneo para hacer cosas realmente útiles.
Por ello, he hecho una revisión de mis recuerdos y, accidentalmente, he llegado a unos que realmente me han emocionado.
Estos no son otros que los que consigo rememorar del pueblo de mi abuela.
Lo único que conozco bien de ese lugar es la calle donde estaba la casa. Piedras y asfalto para unos, pero un gran libro con muchas páginas por leer para mí.
En las calurosas noches de verano, todos los vecinos, que mas bien eran una gran familia, empezaban a darle vida al estrecho callejón: unos hacían un corro con sillas y jugaban a cartas, otros se hechaban un par de cigarros, gritos como "Ahi va el muetico canario que mozo está ya" se oían por doquier...
También me vienen a la cabeza nombres de personas como Manolo, la Covi, la Resu, Eva, el catalán (nunca supe su nombre), la Milagros..¡Grandes personajes!
Pero lo dicho, una familia. Tapujos había muchos, aunque todos se sabían.¿El cómo? Lo desconozco.
Pero bueno, no es eso lo que me emocionaba. Lo que me dio una especie de "bienestar propio" fue el hecho de que mi abuela naciese ahí, criase a sus hijos ahí, y tiempo atrás pudiese enseñarme a jugar a cartas en el corro que surgía a partir de las 10, tras la fresca que venía cuando todos acababamos de cenar.
Toda una vida se desarrolló en la susodicha calle, sumémosle ahora la del resto de vecinos. ¡Cuántas lluvias habrán arrastrado desgracias, sequías habrán abrasado alegrías o secretos que jamás serán desvelados! Nadie lo sabrá jamás, nació y se irá. Quedará grabado en la memoria de pocos. Suerte la de esta minoría de adquirir tal sabiduría.

miércoles, 9 de junio de 2010

Sin razón de ser

El motivo por el que escribo hoy es el simple hecho de sentirme mejor. No cambiaré nada, pero sé que hay gente que lee esto y me alivia contárselo a alguien.

Acabo de hacer un hallazgo. Normalmente los descubrimientos aportan algo bueno, pero este no. Este me atormenta hasta tal punto que trastorna mi visión sobre mi vida.
Me acabo de dar cuenta que no sé quién soy, ni qué debo hacer, ni qué camino debo escoger...no sé nada sobre mí mismo. Y es algo verdaderamente extraño.
Normalmente, gente dice esto por llamar la atención. Yo no sé si la quiero, la necesito o sin embargo debería huir de ella. No sé de qué ha servido mi trabajo hasta ahora, ni de qué servirá el futuro. Tampoco el mantener una compostura, si al fin y al cabo, no soy mas que un amasijo de tuercas y tornillos con apariencia humana.

Hace tiempo que no siento, pero ¿por qué?. Te diré el por qué, a ti, el que lees esto. La razón es que me he inundado de lágrimas mi interior, y éstas han anegado toda parte vital que podía asociarse a algo normal. Grandes murciélagos y brillantes ojos esperan el momento idóneo para atacar en la grande cueva que hay dentro de mi. Pero no solo el agua hace mella, también continuas críticas, falsos halagos que esperaban un estruendoso fracaso para atravesarme las costillas con sus afiladas esquinas...

Siempre han esperado de mí una grandiosa producción que enmascaraban con el nombre de "mi futuro". Pero ese futuro, ¿será el mío o serán ganancias que se agenciarán esos adultos? No lo sé...pero me siento usado, roto y oxidado. No soy lo que era, no puedo hacer las cosas tan bien como antes y la gente sigue exigiendo lo mismo. Las alabanzas ineistentes pasaron a ser continuos acosos mentales. Y ahora todo esto ha causado una sensación que me impide llevar una vida normal:

El miedo. Miedo a ser inútil, a acabar solo, a que por una vez alguien me dé esa palmada y la acoja con rechazo debido a la falta de costumbre...

Poco se puede hacer conmigo, cuento los segundos para apagarme eternamente. Salvaos los que aún podéis.

Por vosotros.

Por mí.

domingo, 30 de mayo de 2010

Pensativitis

Das asco.

Sí, lo das. Siempre creí que podrías ser diferente, siempre te defendí. Cuando andabas mal me involucraba en lo involucrable, sabes que ni fui pesado ni nunca falté cuando me necesitabas.

Y así me lo pagas. Pues bien Doña Cordura, continúa así.

Tú, que te crees capaz de mover los hilos, no eres mas que otra del montón. ¿Te sientes especial por parecer inteligente?

Hipócrita. ¿Te suena esta palabra, verdad? Sueles criticar a los hipócritas.

Pues aprende, no eres nada. Eres otra niña a la que le falta su estúpida muñeca y vienes a los demás a buscar compañía y cobijo, pero lo único que haces es destrozar todo a tu paso. Eso sí, procura encontrarla rápido para que nos dejes tirados a la primera. Lo estoy deseando para que te alejes y me dejes en paz.

¿Rebelde y anárquica? Oh sí, me encanta tu revolucionario pensamiento de desordenar tu habitación, tocar la guitarra y decir la palabra "mola". Eres una genio. Corre a decir palabras que carecen de significado y poner tono de malota a algún adulto que no sepa de que va el rollo para que parezcas tener 1 año más. Ojo, no olvides masticar sonoramente un chicle cuando lo hagas.

Me encanta como rechazas gente que dices que se las da de farolero, siendo tú la primera que teniendo un problema vas a hacerte una pancarta explicando al mundo que vas a llorar y que estén pendientes de tí. Eso sí, no te pasa nada. Porque eres super especial, mayor y culta para contar tus problemas a nadie.

Oh, me olvidaba. Relación amorosa he oído de tus labios. Hablemos con propiedad: "hola tengo novio y creo que esto me da derecho a tener...1 ó 2 años más en mi vida social :D"

...Corre a casarte a Las Vegas, puta ficha de casino.

Eso sí, luego acuérdate de mí, nosotros, y ellos y haz otra manifestación emocional de lagrimitas de cocodrilo.

Bueno, ahora te dejo, si no te importa.

Deséame un vómito agradable.